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OTRA POSADITA EN LA CALLE ALLENDE



Tania Humaran

Ya ha pasado la mañana de navidad ¿Y cómo le fue de posadas? En Tlaxcala imagino que la mañana navideña significa descanso para algunos, sólo medio día de trabajo para otros, un día especial para los que recibieron alguna caridad y de absolutamente nada para los que restan; esa mañana significa tantos momentos como guste en este mosaico con 60 losetas multicolor que es Tlaxcala.

Y el día 25 en algunas de esas casas donde se reúnen en la sala para hacer el recuento de lo que sucedió en las posadas déjeme preguntarle ¿a usted como le fue?

Mi pregunta viene a cuento porque quisiera contarle para mí una posada fue como viajar en el tiempo; eso significa presenciar en la calle Allende de Tlaxcala capital, una de las posadas más añejas que se conoce.

¿Recuerda usted como eran las fiestas de diciembre en su niñez o juventud?, ¿se parecen a las de hoy? Le comento que durante la noche del 23 de Diciembre los colonos de este fragmento de ciudad congelan el tiempo desde hace décadas.

Porque hace más de 50 años, quienes habitan en Allende, han cumplido ininterrumpidamente con la cita, para festejar juntos lo que conocemos como “la acostadita del niño”.

Al menos esto me cuentan doña Silvia y don Adalberto, quienes coinciden en regresar su plática hasta principios de la década de los 70 cuando apenas eran unos pequeñitos.

Lo que hace especial esta posadita no es la presentación de algún conjunto famoso en la fiesta, o que al convite lleguen funcionarios de algún partido, o la celebridad local. Lo especial es la tenaz y constante unión de quienes han repetido esta cita sin fallar, no voy a decir que intacta, pero sí fieles a los cánticos, rezos y ritos que lamentablemente vemos cada vez con menos frecuencia a medida que pasa el tiempo.

Me platica doña Silvia que desde que era niña ya se realizaba “la acostadita” en el lugar a iniciativa de una pareja de maestros de apellido Silva, y coincide don Beto en que va más allá de lo que su memoria les permite recopilar; él calcula que en efecto son unos 54 años de tradición.

Ni doña Silvia ni don Beto, que desde hace 10 años forman parte de las comisiones organizadoras recuerdan que alguna vez se tuviera que suspender o que faltara la cooperación de los habitantes de la calle; aunque comenta el entrevistado que con la situación económica la colaboración se va haciendo más modesta a comparación con años anteriores.

Finalmente es don Beto quien hace la invitación para el 2018, ya que su objetivo es que los niños que hoy disfrutan de las piñatas y los dulces sean los jóvenes y adultos que integren las comisiones organizadoras en el futuro; ya que según afirma ese es uno de los motores por los que continúan realizando esta posada, ya que buscan transmitirles a sus hijos y nietos los valores que representa esta tradición.


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