Escribiendo

historia

ES APRENDER PARA SOBREVIVIR O SOBREVIVIR PARA APRENDER



En el presente no abordare las problemáticas educativas como: El hambre por generar avance en miras de un progreso o mejoramiento, lo lacerante de una educación donde el estatus de origen será su destino, la falta de concientización por parte de la población con respecto a su educación, los sindicatos de maestros ocupados en todo menos en su labor educativa, por nombrar algunos.

En su lugar hare una pregunta al lector (de forma directa), rompiendo con toda convención y signo de lo políticamente académico.

La pregunta es ¿aprendemos para sobrevivir o sobrevivimos para aprender? Es muy probable que esto provoque una ceja en alto, ya que algunos (la mayoría) consideraría la interrogante como un acto de arrogancia o de un amplio desconocimiento en materia.

Lo pregunto sin la intención de provocar furia en los lectores (sea cual sea su profesión u oficio) tampoco soy un posmoderno (dios no lo mande). Yo como cualquier persona del estado mexicano que haya pasado por alguna de sus instituciones formativas, he pensado ¿realmente es necesario en aprender? O ¿lo qué estoy aprendiendo realmente me va a servir? Aunque estas dos caigan en la trivialidad me parecen importantes de responder.

Al parecer las ofertas educativas actuales nos dirigen hacia escenarios promisorios (no todas) aunque al final terminamos recreando una historia genérica de olvido después del adiós, la persona en cuestión acepta su realidad porque no está en sus manos hacer un cambio significativo.

Sabemos que la labor docente legitima su quehacer en sus prácticas las mismas que han encontrado muchas veces una especie de desencanto, el mismo desencanto que vive en todos los que se hayan involucrados en educación, y con todos me refiero a la sociedad, gobierno y docentes.

La gente ya no aprende, la gente aprende a sobrevivir en ambientes de aprendizaje, aprendemos a sobrevivir.

Para volvernos supervivientes necesitamos estar en situaciones que enfrenten nuestra comodidad, a la que estamos habituados, por ejemplo: si colocas a un ciudadano común como tú y como yo no tiene muchas posibilidades de sobrevivir en ambientes pero si este ciudadano común tiene una instrucción previa que le provea la manera de solventar estas problemáticas, en consecuencia, sus probabilidades de salir de una situación de riesgo incrementaran, trasladándolo a cuestiones educativas si la población tuviese una instrucción de calidad, dejarían de sobrevivir en ambientes de aprendizaje regulados por pruebas estandarizadas.

Obviamente no es lo mismo las dunas de un desierto que un salón de clases tercermundista, ambas nos señalan de forma determinante, racionar nuestros recursos y buscar la mejor forma de evitar un fatídico final.

Es de vital importancia decir que nuestras prácticas sociales nos ayudan a entender a mayor o menos velocidad corrientes de pensamiento, esto no quiere decir que formemos parte de sociedades retrasadas pero sino se dimensionan las consecuencias de no adaptarse a estos “nuevos escenarios” ya estamos condenando a otras generaciones a vivir sobreviviendo.


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